Fabián Harari sobre el conflicto policial, en AIM Digital, 09/01/2014

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Harari: “El reclamo de la policía es la punta de la lanza del movimiento obrero”
AIM Digital, 09/01/2014

Las medidas de fuerza de las tropas policiales fueron “la punta de la lanza del movimiento obrero”,  consideró el director del Laboratorio de Análisis Político (LAP)  del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (Ceics), Fabián Harari, quien explicó a AIM que la crisis del capitalismo argentino determinó la ruptura de diversas capas obreras con el kirchnerismo y en este caso se vio “un problema del aparato represivo, que tiene que ver con la incapacidad fiscal del Estado de sostener sus fuerzas”, lo que tensionó la identificación de los agentes entre lo-qué-son y lo-qué-hacen.
Las protestas de los agentes de policías en diciembre de 2013 “fueron un detonador, una avanzada, de un conjunto, de una fracción, de luchas de la clase obrera”,aseguró a esta Agencia doctor en Ciencias Sociales y militante de Razón y Revolución, quien fundamentó su premisa en que la demanda “disparó el reclamo de empleados estatales e inclusos privados, quienes comenzaron a reclamar 8500 pesos de básico y condicionó las discusiones paritarias, por lo que los policías actuaron como punta de lanza, como detonador”.
Para el docente, el conflicto no tiene un corte sincrónico sino que hay que leerlo diacrónicamente, ya que la fuerzas coercitivas del Estado durante estos últimos diez años aumentaron exponencialmente sin un crecimiento del capital destinado a esa área: “la Policía Federal pasó de 31.000 efectivos a 44.000, un 40 por ciento; la Prefectura de 15.000 a 20.000 efectivos, un 38 por ciento; y Gendarmería  de 18.000 a 34.000 hombres, un 90 por ciento más; con lo cual, si se toma el conjunto de las fuerzas de seguridad del Estado, nos encontramos con que de 60.000 efectivos al comienzo del gobierno kirchnerista hoy tenemos 100.000, es decir, un crecimiento mayor del 40 por ciento en la capacidad represiva del Estado que no redundó en un aumento presupuestario, por lo que hay un crecimiento de la cantidad de hombres pero no la cantidad de recursos para sostener esa estructura, por eso, lógicamente, en diciembre estallaron una serie de conflictos policiales que tienen que ver con cuestiones presupuestarias que hacen, por ejemplo, a la tropa”.
La crisis del capitalismo argentino “determina la ruptura de diversas capas obreras con el kirchnerismo y en este caso vemos una crisis del aparato represivo, que tiene que ver con la incapacidad fiscal del Estado de sostener sus fuerzas y esa incapacidad pone sobre la luz la condición obrera de estos policías que, por primera vez, en muchos años, recurren a un levantamiento generalizado, que habla de un principio de ruptura entre la clase obrera y la burguesía muy fuerte”.

Precisamente, Harari  explicó que los que se ‘levantaron’ no fueron todos los policías, sino que quien emprendió la huelga fue ‘la tropa’, que tienen un sueldo que va de entre 3500 pesos de básico, que se complementa con otro tipo de tareas como horas extras y adicionales,  “que hablan de la sobreexplotación de esa mano de obra y que, además, someten a la tropa a la arbitrariedad de la cúpula, de la dirección, donde el agente tiene que hacer todas las tareas que le encarga un comisario si quiere cobrar más, por lo que efectivamente el reclamo es un aumento del básico que permita cumplir el horario para no tener que trabajar horas extras o hacer adicionales y, además, no someterse a la discrecionalidad de la cúpula”.

Al respecto, indicó que en el paro “se vio muy bien la división; porque mientras la tropa hacía la huelga la cúpula trataba de cumplir con el servicio”, pero aclaró que “no fue toda la tropa la que realizó la huelga, sino que fue un sector de la tropa que motorizó la acción y hubo otro sector que tuvo una aceptación pasiva de la misma”.

La aporía de la policía “es la misma que la de un docente o la de un trabajador del poder Judicial”

Para el intelectual marxista, el policía porta con una contradicción entre lo-qué-es y lo-qué-hace: “durante mucho tiempo lo-que-es aparece oculto por lo-qué-hace, pero en tanto y en cuanto la burguesía se encarga, mediante la reducción de salarios, la pauperización laboral y la sobreexplotación, de hacerle recordar lo que él es, lo-qué-es comienza a primar sobre lo-qué-hace, entonces hace una huelga donde predomina lo qué es y deja de hacer lo que normalmente hace”.

“Primero y principal un policía es un obrero que tiene que ejercer funciones para la burguesía, como cualquier obrero que ejerce funciones para la burguesía, ya sea de acumulación como un bancario, de represión como el caso de un docente o el de un empleado judicial, cuya acción determina que una persona vaya presa o no, es decir,  los docentes cumplen una labor de represión ideológica y, en este caso, el policía cumple una represión física, es decir, es la misma represión que ejerce un gran conjunto de la clase obrera sobre la clase obrera misma, porque la burguesía no puede ocupar todos los cargos de represión por lo que, como clase minoritaria, debe apelar para otras tareas a la clase obrera”, indicó.

Un obrero “es tal por sus condiciones de existencia, no por su consciencia; el obrero que vota a (Mauricio) Macri no deja de serlo por votarlo, lo mismo pasa con un trabajador de la  Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina  (Uocra), que en los últimos diez años se dedicaron a apalear a obreros sistemáticamente, pero no por eso el trabajador de ese gremio, es decir el albañil, deja de ser un compañero de clase; una clase se define por la existencia, la consciencia es variable porque está en conflicto, es decir, la consciencia aparece como un objeto de la lucha de clase donde, obviamente, la burguesía tiene mucha más fuerza”, dilucidó.

En  esa línea argumental, Harari reforzó el ejemplo: “así como hay obreros de la Uocra que apalean a otros obreros hay muchos docentes, diría la mayoría, que enseñan que la sociedad está muy bien así, ya que hay muchos docentes católicos que se niegan a reconocer cosas tan elementales como la Inquisición y cuando le enseñan a los chicos le dicen que la Iglesia es una gran institución, y hablamos de docentes obreros, es decir, hay muchos obreros con una conciencia de clase muy retrasada, muy reaccionaria, y los policías están sometidos a eso por su propia condición”.

La consciencia velada no es algo arbitrario, sino que la burguesía necesita que los policías “tengan su condición obrera lo más ocluida posible, lo más oculta posible, entonces, evidentemente, la burguesía trata de explicarle a los policías que no son obreros, que ‘no son negritos’, claro, es algo difícil porque el policía vive al lado de donde viven los obreros, porque es un obrero, come donde comen los obreros, se viste como se visten los obreros cuando no están con uniforme y viaja como cualquier obrero”. La ideología de la clase dominante “hace un trabajo muy fuerte sobre la policía, incluso le da alguna prerrogativa, para hacerle creer que no es obrero y, por lo tanto, regularmente el policía cree gran parte de su vida que no es un obrero,  solamente cuando su condición emerge, él se recupera como obrero”.

El problema “hay que analizarlo desde la matriz de clase”

En ese sentido, Harari marcó una diferencia de lectura con el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) y la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), ya que  consideró que estas organizaciones de izquierda “no analizan el problema desde una matriz de clase, sino que lo hace desde un punto de vista ideológico foucaultiano, no propia de la clase obrera sino de la pequeña burguesía”.

Para el PTS o, inclusive, para mucha gente de la izquierda e incluso de la Correpi,  “el problema del obrero es la función que cumple y no por las relaciones de producción, donde hay un primer abandono de una posición científica, o marxista, donde el obrero según lo qué hace es obrero o no y con esa perspectiva se debería pensar que si es policía es lo mismo que si fuera un empleado judicial o que fuera un docente”, por lo que se deduciría  que el policía, el trabajador judicial y el docente no son obreros y cualquier obrero que sirva para la acumulación  de capital, es decir, acumular la base material para que a burguesía haga lo que hace, “dejaría de ser obrero por lo que solamente debería ser considerado obrero aquel que se adjudique una condición de izquierda, peor aún ahí, deberíamos hilar fino sobre qué es la izquierda”.

Quién dirige la Policía, para hacer qué

Por otro lado, el militante de izquierda aclaró que la seguridad no es solamente un problema de la burguesía; “la seguridad es un problema de la burguesía y de la clase obrera, porque la clase obrera también es propietaria de algo, es propietaria de su fuerza de trabajo, no es que no tiene nada, un obrero tiene una casa, tiene bienes personales, un dinero que cobró de un salario, tiene un ahorro, tiene un coche, tiene su propia vida, por lo que la descomposición de las relaciones sociales genera una cantidad de delincuencia que al obrero lo afecta y solamente a un tipo que nunca vivió en un barrio bajo, que nunca puso las patas en el barro, es capaz de decir que al obrero no le interesa la seguridad”.

Así, el problema que diferencia a la clase obrera de la burguesía no es que a unos les importa y a otros no la seguridad, sino que el conflicto se presenta “en la forma de procesar ese problema, que para la burguesía es un problema suyo propio y  para la clase obrera se resuelve de otra forma, se resuelve evitando la descomposición social y con una dirección de la fuerza represiva, es decir, el problema es quién dirige a la policía, para hacer qué”.

Qué hacer

El profesor de historia comentó que como cualquier fractura cuando se llega a un arreglo “se sale del conflicto, porque es un conflicto sindical, porque no hay un trabajo político previo, por lo que esta fracción de la clase obrera esta librada a su propia suerte, es decir, a oscilar entre el sindicalismo y la concepción más reaccionaria; cuando el conflicto se soluciona o tiene un atisbo de solucionarse vuelve a la consciencia burguesa, pero le pasa a cualquier fracción de la clase obrera: cuando arreglan, abandonan la huelga e incluso, pueden convertirse en una especie de patotas anti huelgas, que se ve en la historia argentina y mundial”.

Ante ese escenario, Harari consideró que la izquierda debe intervenir en los sindicatos para generar organismos sindicales clasistas y comentó que actualmente “se habla mucho de la sindicalización de la Policía, pero el proceso de sindicalización comenzó hace más de diez años, en el 2001, por lo que se desarrolla un sindicato a nivel nacional, que es la Federación Argentina de Sindicatos Policiales y Penitenciarios (Fasipp) que está conformada por 23 sindicatos que se encuentran en Buenos Aires, Chaco, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones, Salta, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán, es decir, está prácticamente a lo largo del país, pero obviamente que no están todos los policías sindicalizados a lo que se suma que hay muchas organizaciones de base organizándose pero aún no tienen reconocimiento legal”.

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