El colmo: todavía no hay estadísticas oficiales de violencia de género

NiUnaMenosPor Rosana López Rodríguez – Dra. En Letras, responsable del Grupo de Estudios de género del CEICS

Probablemente, uno de los resultados más importantes de la movilización del 3 de junio bajo la consigna “Ni una Menos”, fuera la amplia difusión de las cifras de femicidios, cuya magnitud asombró y escandalizó a buena parte de la sociedad. Paradójicamente, el otro resultado, más preocupante que el anterior, es la constatación de que el motivo de ese asombro y de ese escándalo no era el producto de la tarea de organismos estatales que tienen la obligación de “diseñar e implementar registros de situaciones de violencia contra las mujeres”. Por el contrario, esas cifras son el resultado de esfuerzos privados, de organizaciones asistenciales como la Casa del Encuentro, que hacen, sencillamente, más de lo que pueden. Por ello mismo, se trata de magnitudes reducidas que esconden el tamaño real del fenómeno. Lo que debiera ser un insumo esencial para el debate de la problemática, tendría que llegar a la sociedad como consecuencia la labor del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres, dependiente del Consejo Nacional de las Mujeres (CNM). Presidido desde el 2008 por Mariana Gras (que responde políticamente a Alicia Kirchner) y creado en el marco de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), el Observatorio no puede exhibir nada que no sepa cualquiera que lee el diario todos los días. De modo que la expresión “Muere una mujer cada 30 horas”, es apenas la punta de un iceberg cuyo tamaño real desconocemos.

Como dijimos, esta estimación proviene del “Observatorio Adriana Marisel Zambrano”, coordinado por la asociación civil La Casa del Encuentro. Fundada el 4 de octubre del año 2003 “con el fin de diseñar un proyecto feminista por los derechos humanos de todas las mujeres, niñas, niños y adolescentes”, la organización produce el Informe de Femicidios en Argentina (2008-2014), con un equipo conformado por 10 voluntarias. Su metodología consiste en revisar 120 fuentes (diarios, agencias y portales), en busca de noticias en donde aparece una mujer o niña muerta. Analizan cada caso y determinan si fue un femicidio o no, a partir de que se demuestre una situación de desigualdad entre el hombre y la mujer participantes del hecho. También buscan aquellas noticias que dan cuenta de un femicidio vincular. Sin embargo, el organismo reconoce que las cifras obtenidas no son el resultado de una actividad sistemática, dado que la principal tarea de la Casa es la asistencia a las víctimas de violencia de género. La tarea de la Casa del Encuentro tiene un enorme valor, a pesar de las dificultades y limitaciones metodológicas, porque, finalmente, las suyas son las únicas cifras relativamente confiables que tenemos.

Luego de la experiencia masiva de la marcha del 3 de junio pasado, la Secretaría de DDHH comunicó la creación de la Unidad de Registro, Sistematización y Seguimiento de femicidios y de homicidios agravados por el género. Pero, cuando uno entra al sitio web de la Secretaría y busca en el área temática de Mujeres y Perspectivas de Género, no aparece nada que haga referencia a dicha unidad de registros. El Estado, entonces, mira para otro lado y la clase política que lo comanda se despreocupa del problema, no importa cuántas veces repita lo contrario. Quien no quiere saber el tamaño real de un problema, no está interesado en resolverlo. Es tan claro como el agua.

Saber de cuántas mujeres hablamos y cuáles son las causas primarias de estos crímenes es el primer paso para gestionar una política pública. Cuando explotó el problema de los desaparecidos bajo la dictadura, la primera preocupación fue medir el fenómeno y exponerlo a la luz pública. Con sus defectos, eso fue el Nunca Más. A partir de entonces, el conocimiento sobre el tema se ha ido precisando, más allá de los retrocesos en la década del ’90. Las mujeres de la Argentina se merecen, por lo menos eso, un Ni una Menos, que exponga ante el país la demencial atrocidad del problema. Sin eso, no hay ni para empezar.

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